20 de septiembre de 2008
En abril de 2008, el suboficial Belmor Ramos formó parte de un grupo de soldados norteamericanos que detuvo a cuatro iraquíes para luego ejecutarlos y arrojar sus cuerpos a un canal.

Sucedió en Bagdad, Irak, una noche a comienzos de abril de 2007. Un grupo de soldados norteamericanos, ansiosos por tomarse una revancha por las bajas que había tenido su unidad, tomó prisioneros a cuatro iraquíes, hasta ahora no identificados.
Los cautivos fueron atados y sus ojos fueron vendados. Luego, los ejecutaron de disparos en la cabeza y arrojaron los cuerpos a uno de los canales que atraviesan la capital iraquí.
A poca distancia del lugar de los crímenes, un suboficial instalado en la torreta de un humvee vigilaba la zona con la ametralladora del vehículo. Su nombre era Belmor Ramos, chileno de nacimiento y ahora testigo clave de los asesinatos.
Ayer Ramos se declaró culpable de conspiración para asesinato ante un tribunal militar en la ciudad alemana de Vilseck -donde está estacionada su unidad- y fue sentenciado a cumplir siete meses en prisión.
El chileno, cuya familia de trasladó a Utah cuando él tenía 10 años, no enfrentó un castigo mayor por dos razones: admitió su culpa y está colaborando en la investigación para inculpar al resto de los soldados implicados.
De hecho, el juez militar, teniente coronel Edward O'Brien, aseveró que si el soldado no se hubiera declarado culpable, lo habría sentenciado a 40 años de cárcel.
Y no es todo: el chileno fue degradado a soldado raso y dado de baja de manera deshonrosa. Ahora, incluso, arriesga perder la nacionalidad norteamericana -que obtuvo en 2006- y ser deportado tras cumplir su sentencia.
Cuando ocurrieron los hechos, Ramos estaba en Irak como parte del primer batallón del 18 Regimiento de Infantería, perteneciente a la Primera División de Infantería.
Otros tres soldados de esa unidad fueron acusados por homicidio premeditado, conspiración para cometer homicidio y obstrucción a la justicia.
"LOS QUERÍA MUERTOS"
Ramos afirmó ante el tribunal que aunque no acompañó al grupo que realizó las ejecuciones y debió quedarse de guardia, deseaba ir con ellos: "Los quería muertos. No tenía justificación legal o excusa para eso".
"Comprendo que debo ser castigado y aceptaré cualquier castigo, pero le pido humildemente, su señoría, que me permita seguir en el Ejército", dijo Ramos antes del fallo.
El soldado sostuvo que de las conversaciones dentro del humvee entendió que los prisioneros serían ejecutados. Incluso, señaló que el sargento John E. Hatley -otro de los acusados- les preguntó si estaban de acuerdo con lo que iba a pasar.
RAMOS LE REPLICÓ QUE ÉL ESTABA "COOL" CON LA DECISIÓN
Más tarde llegaron al lugar designado y procedieron a hacer descender a sus cautivos. Ramos se quedó en el vehículo y, según su testimonio, sólo escuchó los disparos.
El fiscal del caso, capitán Derreck Grace, aseveró que "debe enviarse un mensaje a aquellos que pueden querer ser juez, jurado y, en este caso, ejecutores al mismo tiempo".