18 de septiembre de 2008
La vocera de la Casa Blanca, Dana Perino, defendió hoy la decisión de salvar a American International Group (AIG) y dejar hundirse a Lehman Brothers, explicando que el gobierno se está manejando "caso por caso".
El gobierno de Estados Unidos admitió hoy que "sigue preocupado" por el destino de otras entidades financieras norteamericanas, al día siguiente de haber aceptado rescatar a la mayor firma aseguradora del mundo, AIG, con US$85.000 millones de los contribuyentes.
Los mercados estadounidenses todavía sacan cuentas sobre el impacto económico de la racha de debacles, que ya llevó a salvatajes gubernamentales para los gigantes de los préstamos hipotecarios Freddie Mac y Fannie Mae y la caída de la financiera Lehman Brothers.
La vocera de la Casa Blanca, Dana Perino, defendió hoy la decisión de salvar a American International Group (AIG) y dejar hundirse a Lehman Brothers, explicando que el gobierno se está manejando "caso por caso".
Perino reveló que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dio luz verde al salvataje del gigante de los seguros después de mantener una reunión, el martes, con el ministro del Tesoro, Henry Paulson, quien le presentó el plan de rescate.
Según el gobierno, la intervención en el caso de AIG estuvo justificada porque "algunas de estas compañías son tan grandes que permitir su caída podría causar graves daños a la economía".
"El derrumbe de AIG habría causado una reacción en cadena de efectos imprevisibles, pero seguramente terribles", coincidió Uwe Reinhardt, profesor de economía de la universidad de Princeton.
"Las dimensiones de una compañía son un factor que no puede ser ignorado -añadió Roger Altman, un ex funcionario del banco central estadounidense-. La posibilidad de dejar caer la mayor empresa de seguros del mundo, junto a las interconexiones existentes y los daños colaterales posibles, era un escenario que provocaba terror a muchos, con buena razón", añadió.
Por lo pronto, la inyección de dinero fiscal concedió a la AIG tiempo para empezar a desprenderse de varios de sus activos, incluyendo una unidad de alquiler de aviones, pero también sectores fundamentales de sus operaciones de seguros de vida y bienes personales.
En Nueva York se da por descontado que AIG se desprenderá también de miles de empleados. En Wall Street se calcula que el capítulo previo de la crisis financiera, que incluyó la caída de Lehman Brothers y la compra de Merrill Lynch por parte del Bank of America, provocó la evaporación de unos 50.000 empleos.
Ahora se prevé que el agregado de AIG a la lista de víctimas podría causar la desaparición de otros 100.000 empleos.
Nueva York recauda el 10% de sus ingresos fiscales en Wall Street, por lo que ya se teme un fuerte impacto de la crisis en el balance y los negocios de la ciudad.
AIG emplea hasta ahora unas 120.000 personas en todo el mundo, encargadas de manejar las cuentas de unos 74 millones de clientes.