2 de junio de 2008
Se trata de una tendencia que ha ido en aumento durante la última década en el mundo y que ahora comienza a expresarse en Chile. Una situación que está marcada por los cambios en los roles de pareja y el fuerte ingreso de la mujer al mundo laboral.

51% de los padres americanos que optaron por quedarse en casa se declara feliz.
No escogió quedarse en casa ni menos encargarse día a día de la crianza de sus tres hijas. Pero, de un día para otro, perdió su trabajo y el sueldo de su mujer no alcanzaba para contratar una niñera. Así que no tuvo otra opción que asumir su nueva circunstancia. Claro que Andrew Clover es un actor inglés poco usual. Después de algunos años de preparar comida, hacer aseo, buscar a sus niñas en el colegio y ayudarles en sus tareas, decidió escribir un libro de lo que significa ser un "papá en casa" y hoy, lo mismo que en un principio le costó aceptar, lo tiene ganando una fortuna.
"Dad Rules", reseñado por el Time de Londres en su página central, es un libro que describe la vida de un hombre que decide asumir las tareas de una dueña de casa y, de paso, refleja una tendencia mundial que va en aumento. Porque este fenómeno ya ha sido medido en varios países como Corea, donde el número de padres dedicados a las labores del hogar aumentó 35% en los últimos cuatro años. En 2007 habían 143 mil hombres en esa condición. Algo que las autoridades coreanas asocian al crecimiento explosivo que ha tenido la fuerza laboral femenina en ese país, donde tres millones de mujeres trabajan actualmente, 50% más que en 2003. En Estados Unidos, en tanto, la cifra es similar: 147 mil padres declaran ser un "stay at home dad".
Y al revisar los datos proporcionados por el INE -basados en proyecciones del Censo 2002 y de la Encuesta Nacional de Empleo- se observa que es un fenómeno que también comienza a manifestarse en Chile: desde 1999, el número de hombres que declaran como primera actividad las labores domésticas aumentó en un 32%.
ACTIVIDAD: DUEÑO DE CASA
El explosivo ingreso de la mujer al mundo laboral es uno de los aspectos que explicarían este fenómeno, lo que va unido con el mayor acceso de ellas a la educación superior. En Chile, el aumento en el nivel educacional de la mujer es evidente: de los casi 30 mil jóvenes que se convirtieron en profesionales en 2006, el 60% era de sexo femenino. El avance en el mundo corporativo también se nota. Un estudio de Seminarium revela que las ingenieras subieron su participación en las empresas de un 23% a un 35% en la última década. En el caso de las gerentes de área y subgerentas, un 13,53% son mujeres, cifra que hace 10 años era de 11,43%. En Estados Unidos la situación es similar e, incluso, las estadísticas señalan que entre los profesionales de entre 20 y 30 años de ese país, los sueldos de las mujeres están superando ampliamente al de los hombres.
Se suma una democratización en los roles de pareja, dice José Olavarría, doctor en Ciencias Sociales e investigador de Cedem.
"No nos importa quién gana más dinero o quién muda a diario a la bebé. Porque si ahora yo privilegio mi carrera, quizás mañana la postergaré para que Joel se realicé profesionalmente", comenta Marcia González. Ella y su marido canadiense, Joel Lambert, decidieron retornar a Chile en 2005 y formar acá una familia.
Como ingeniera civil, quería desarrollarse en su profesión y tenía claro que sus horarios no serían compatibles con el cuidado que necesita un hijo. Así que Joel no tuvo problemas en dejar de trabajar, inscribirse en un magíster y dedicarse por completo a su bebé. Hoy, según cuenta, él disfruta por completo mudar, alimentar e incluso levantarse en la noche si Matilda lo necesita, porque la jornada laboral de Marcia comienza demasiado temprano para que ella asuma esas labores.
¡PAPÁ, QUIERO COMER!
Fue hace tres años que el biólogo marino Gabriel Henríquez optó por convertirse en un "papá en casa". Los continuos viajes fuera de Santiago a causa de su profesión ya lo habían cansado, así que optaron por instalarse en el balneario de Santo Domingo. El trabaja como freelance y su mujer, Sandra Belmar, ejerce como profesora de biología y jefa de área en un colegio del sector.
"No se trata de ser un súper papá, criarlos es una cuestión de voluntad", dice Gabriel. Su rutina no difiere a la de ninguna madre chilena. Se levanta temprano, les prepara el desayuno a sus tres hijos (hoy de seis, nueve y 17 años) y a veces les cocina para que lleven comida al colegio. Una rutina que en los primeros años no le resultó fácil: "Me costaba acostumbrarme a tener que estar en casa por los niños o ser el único hombre en ir a buscarlos al colegio o trabajar en casa con los tres vociferando: ¡Papá, quiero comer!, ¡papá, quiero jugar!".
Algo similar a lo que le ocurrió en un principio a Andrew Clover. Según cuenta a La Tercera, al comienzo se sentía un "verdadero idiota" y más de una vez le gritaron cosas en la calle. "Ahora me siento bien siendo el único hombre jugando con mis hijos en la plaza o comprando en tiendas exclusivas para mamás. Ya no siento el rechazo social y honestamente no lo veo. Los hombres somos juguetones y relajados... creo que por eso les hacemos bien a los niños ¿o no?", se pregunta.