13 de julio de 2008
Con la obra El Pelícano, basada en el clásico de Strindberg. Su directora Muriel Miranda, habla sobre las características de un innovador montaje que mezcla el stop motion con el drama tradicional.
Un universo donde personajes de carne y hueso se convierten en figura animadas. El espíritu de un hombre recientemente fallecido que deambula por los corredores de una casa habitada por su viuda, su hijo, su hija y el marido de ella. La fusión del teatro y la animación logran gracias a la compañía chilena Maleza, salida de las aulas de la Universidad de Chile en 2005, un montaje que une fantasía y realidad de la mano de la obra El Pelícano, un macabro relato escrito por August Strindberg (1849-1912) en 1910.
Del mismo modo que antes lo hicieron con su primer montaje Maleza (2006), la agrupación chilena liderada por la actriz y directora Muriel Miranda, fusiona sobre el escenario las claves de una pieza teatral con los de una proyección cinematográfica, a través de una obra donde elementos como los pensamientos de los personajes se suceden a medida que las escenas de la historia "humana" avanzan.
"En esta obra tratamos de poner la animación como parte del inconsciente de los personajes, de los recuerdos, al igual que en Maleza, pero en forma más intermitente, de sorpresa, sin colocar una pantalla en el centro del escenario que predisponga al espectador", afirma a LaTercera.com Muriel Miranda.
Para ello, los integrantes de la compañía utilizan la técnica del stop motion, consistente en fotografiar cuadro a cuadro un objeto inanimado que logra adquirir movimiento y secuencialidad al exhibir 24 de estas imágenes por segundo. La misma técnica utilizada para dar vida a cintas como Pollitos en Fuga, El Extraño Mundo de Jack y El Cadáver de la Novia, estas dos últimas de Tim Burton, y que consiste en un proceso largo, lento y costoso que en este caso se tradujo en el desembolso de $ 16 millones que fueron financiados con un Fondart.
Los personajes y escenarios de esta "película" fueron el resultado de cinco meses de trabajo de Muriel Miranda y Hugo Covarrubias, diseñador que trabaja como director de animación del montaje y quien lidera los trabajos de stop motion de la obra, el elemento revelación de la compañía. Juntos dieron vida a los ocho minutos de metraje que se proyecta en El Pelícano y que la transforma en una puesta en escena donde la experimentación con otras disciplinas destaca a primera vista. Un trabajo que recuerda los coqueteos con el cine realizados por ellos mismos en Maleza o los hecho por Teatro Cinema en Sin Sangre, montajes donde las distintas disciplinas se fusionan de tal forma que la línea divisoria muchas veces se diluye.
"Si esa parte no existiera esta historia sería más difícil de contar ya que le damos harta participación al fantasma del padre que pena en la casa, que pena a la madre tratando de vengarse de ella. Al presentar eso como animación podemos hacer la historia más fantástica y cercana al concepto que nos gusta trabajar, que es el cuento", afirma.
La obra que recuerda a dramas como Hamlet, no por nada Strindberg es conocido como el Shakespeare sueco, ofrece un relato donde la crueldad de una madre hacia sus hijos es el tema central. Porque si Maleza trataba de una joven que vivía encerrada por su madre en una casa ubicada en el sur de Chile, El Pelícano habla de "una madre que nunca les dio comida, amor ni afecto a sus hijos y que es amante del marido de su hija. Sin embargo, al final los hijos toman las riendas de su destino, despiertan a esta manipulación y quieren vengarse", comenta.
"Me gusta contar historias terribles, encuentro que es muy atractivo, que hay muchas cosas que se pueden explorar con estos temas, pero también me interesa que si voy a hablar de la maldad lo voy a hacer con el contraste de presentar una historia muy bella, con una estética armoniosa lo que provoca muchas veces que sea incluso más triste", afirma.
El Pelícano se presenta hasta el próximo 3 de agosto en Matucana 100.
Las funciones son de jueves a sábado a las 20.30 horas y el domingo a las 19 horas en Matucana 100. El valor de las entradas es de $ 4.000 general y $ 2.500 estudiantes y tercera edad.