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31 de julio de 2008

CULTURA

Luis Buñuel, a 25 años del anarquista más ilustre

Hace un cuarto de siglo murió el cineasta más provocador de la historia. En este tiempo sus filmes se han agigantado, y prueba de ello son las exposiciones y homenajes que recuerdan su furia creativa.

Jorge Letelier


29/07/2008 - 18:17

Un perro andaluz, el filme que escandalizó a surrealistas y burgueses.

Un perro andaluz, el filme que escandalizó a surrealistas y burgueses.

Dicen que fue el más grande surrealista en el cine, pero la obra de Luis Buñuel excedió por mucho la estrecha categoría de una escuela artística. De hecho, su capacidad de ir contra todo lo establecido se transformó en su sello durante más de cincuenta años. Y hoy, a exactos 25 años de su muerte, la figura y la obra del director aragonés mantienen absoluta vigencia como el legado del gran provocador del cine.

Fue ateo antes que nadie (de hecho, la frase "soy ateo gracias a Dios" es de su autoría), anticlerical, fetichista, antiburgués, antifascista y hasta blasfemo. Su obra comienza con el ojo de una mujer cortado por una cuchilla (Un perro andaluz), y concluye con la humillación sexual de un hombre maduro ante la juventud (Ese oscuro objeto del deseo). Y pasa por imágenes que hasta hoy generan incomodidad: unos bugueses expuestos al ojo público y sentados a la mesa con WC en vez de sillas (El fantasma de la libertad). O una última cena que en vez de apóstoles tiene mendigos (Viridiana). O un hombre maduro y religioso que pierde la razón ante los pies de una mujer (El).

Diversas actividades recuerdan por estos días al cineasta nacido en Calanda (España) en 1900. Una exposición de fotografías suyas tomadas durante la preparación de sus filmes del periodo mexicano, se exponen en Madrid. Mientras se prepara la más grande retrospectiva de sus filmes en la próxima edición del Festival de Berlín (enero 2009), y el documental que protagoniza su hijo Juan Luis junto a su guionista habitual Jean Claude Carrière (El último guión, Buñuel en la memoria), espera un pronto estreno.

Buñuel fue un hijo aventajado de las vanguardias de los años veinte (donde hizo migas con Salvador Dalí y Federico García Lorca), y su inicio en el cine con Un perro andaluz (1928) fue el equivalente a una bomba que dejó heridos entre burgueses y surrealistas. De hecho, los efectos del filme más escandaloso de la historia del cine alcanzó hasta 1942, cuando debió abandonar su trabajo en el MoMa de Nueva York por una acusación de Dalí -su compañero de andanzas en el filme de 1928-, de que era comunista y ateo.

Una de las características de sus filmes, es que la profunda crítica y la subversión que mostraban ferozmente la decadencia del modo de vida burgués y el anticatolicismo, no lo hizo desde los márgenes sino que desde el corazón mismo de lo que destestaba. En su cine, eso se graficó en que sus cintas más provocadoras fueron hechas bajo la estructura clásica de melodrama, especialmente en su periodo mexicano. O sea, cine industrial puro, pero a años luz del conformismo ideológico.

Ejemplos de ellos son sus adaptaciones de clásicos como Cumbres borrascosas (Abismos de pasión, 1953) y sus filmes "religiosos" como Nazarín (1959) O Simón del desierto (1965). Y donde quizás su excepción es el filme más social de su carrera, Los olvidados (1950), una de las pocas películas elegidas como patrimonio de la humanidad por la Unesco.

"Mi niñez y mi juventud sufrieron los principios destructivos de esta sociedad", dijo el director en uno de los tantos libros sobre su obra. "Me dejaron como herencia toda una serie de prohibiciones y represiones. Por eso darwin y la biología significó para mí el descubrimiento de un principio de liberación intelectual. Después el surrealismo aumentó un irrefrenable deseo de libertad que supone la destrucción de todos los soportes sobre los que descansa la sociedad burguesa. Mi posición respecto a estos principios no ha cambiado: como categorías, deben ser destruidos".

A 25 años de su muerte, la furia provocadora de Buñuel se mantiene. No tiene muchos discípulos en el cine actual, pero la libertad creativa con que entendió su carrera le tiene ganado un espacio en la historia.

EL DÍA